LAS MEDUSAS Y LA SAMBA: CUANDO LA PICAZÓN SE CONVIERTE EN ARTE.

Pedro Fernando Fernández PerdicesEra un soleado día de cuyo nombre no quiero acordarme, no ha mucho tiempo que se encontraba rodeado de medusas un hidalgo de los de lanza en astillero, adarga antigua, rocín flaco y galgo corredor. Una olla de algo más vaca que carnero, salpicón las más noches, duelos y quebrantos los sábados, lentejas los viernes, algún palomino de añadidura los domingos, consumían las tres partes de su hacienda. El resto della concluían sayo de velarte, calzas de velludo para las fiestas con sus pantuflos de lo mismo, los días de entre semana se honraba con su vellori de lo más fino. Tenía en su casa una ama que pasaba de los cuarenta, y una sobrina que no llegaba a los veinte a las que gustaba la samba.
En efecto, rematado ya en ambas su juicio, vinieron a dar en el más extraño pensamiento que jamás dio loco en el mundo, y fue que les pareció convenible y necesario apuntarse a una escuela de samba, así para la disminución de su honra, como para el servicio de su república, hacerse samberas andantes e irse por todo el mundo agitando sus nalgas y ejercitarse en todo aquello que en Radio Televisión de Castilla-La Mancha ellas habían visto que las samberas andantes se ejercitaban, deshechas por todo género de picazones, y poniéndose en ocasiones y peligros, donde arrascándose, cobrasen eterno nombre y fama.
Imaginábanse las pobres ya coronados como reinas del carnaval de Río o, por lo menos damas de honor del de Tenerife y así con estos tan agradables pensamientos, llevadas del estraño gusto que en ellas sentían, diéronse priesa a poner en efecto lo que deseaban. Pedro Fernando Fernández PerdicesY lo primero que hicieron, fue limpiarse unas bragas que habían sido de sus bisabuelas, que, tomadas de orín y llenas de medusas, luengos años había que estaban a remojo olvidadas en un pilón. Limpiáronlas y, aderezándolas lo mejor que pudieron, vieron que tenían grandes faltas, y era que tenían ciertos agujeros que permitían observar sus carnes. A esto suplió su industria, porque de cartones hicieron un modo de parches, que encajados por la parte interior de las bragas hacían que éstas tuvieran apariencia de prendas nuevas.
Es verdad que para probar con esto de la samba venían ya de antiguo entrenadas y verdad es también que la picazón de las medusas les ayudó en el buen desenvolvimiento de ese arte que llamamos baile.
Limpias, pues, ambas, parcheadas y comidas por el picor las nalgas, se dieron a entender que no les faltaba otra cosa, sino buscar un concurso al que presentarse, porque el ayuntamiento andaba sin presupuesto, pelado como árbol sin hojas y sin fruto, o cuerpo sin alma. Decíanse ellas: si nosotras por buena suerte, nos encontramos por ahí con algún certamen, o ganamos el primer premio o se nos parte por la mitad el cuerpo.
Pedro Fernando Fernández PerdicesHabía una vez una familia de leñadores que tenían siete hijos. Al más pequeño le llamaban Pulgarcito porque cuando nació tenía el tamaño de un dedo pulgar.
Un día, se fueron al bosque todos los hermanos sin darse cuenta de que se estaban alejando mucho. Todos, menos Pulgarcito, que se le ocurrió dejar migas de pan para marcar el camino.
De repente…
- ¡Mamá, papá! -exclamaban llorando.
- ¡Estamos solos! ¡Nos hemos perdido!
- Dejad de llorar -dijo Pulgarcito- yo os llevaré a casa.
Sin embargo, tuvieron una terrible sorpresa al darse cuenta que los pájaros se habían comido las migas de pan que Pulgarcito había dejado por el camino.
Con mucho miedo, comenzaron a caminar sin rumbo hasta que vieron una casa.
- ¡Vamos! -les dijo Pulgarcito a sus hermanos. Cerca de aquí hay una casa, así que no os preocupéis.
- ¿Podemos pasar?, nos hemos perdido -dijeron llamando a la puerta.
- Pobrecitos -dijo la mujer- Hace poco cayeron por aquí dos samberas de Castilla-La Mancha y nunca más se supo de ellas. Aquí vive un ogro que se come a todos los que vienen sin hacer distinción de edad, raza, nacionalidad o sexo.
Sonaron entonces las sirenas de un camión de bomberos que corrieron a rescatarlos y los llevaron a todos con sus padres: a Pulgarcito, a las de la samba, a las medusas y a María Santísima.Pedro Fernando Fernández Perdices

Fernando FERNÁNDEZ PERDICES

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